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Marlon

La reconocí con la palma de mi mano derecha sobre su cintura, la recordaba joven. Ahora la toco suavemente, queriendo recobrar los pasos perdidos en mi memoria. Sé que ella es alguien, sé que es una mujer y además fue mi chiquilla compañera de muchas lunas. Ella gira suavemente sobre la cama para ofrecerme su rostro junto al mío. ¿Estás dormido? – pregunta sigilosamente – psssss… psssss… Julian, Julian… Renato, Renatón, Ratón. -Baja la voz, susurra los nombres-. Sabe que estoy despierto. Insiste con una voz que tal vez se le ha perdido por los años, pues la escucho y creo tomar por un momento su aliento débil o perezoso que trato de hallar en mi cabeza ¿Dónde lo he escuchado? – Ella continua- Federico, Perico, Nico… amooooor, psssss…psssss, Bizcocho, Gordo Popocho. Laura renuncia por un momento, comprendo que ya no puedo romper el reloj de arena ni mucho menos darle la vuelta. Si. Comprendo. Ella es Laura. Me parecía más jugosa, más rica, aunque permanezca más joven que yo. Me sobresalto un poco al darme cuenta. La oigo venir con su manita izquierda sobre mi cabello para romper con la quietud de nuestro nuevo encuentro. Sebastián… Gañan… Patán… Marlon… Patrón… ¡Maricón! -Inmediatamente lo recuerdo y le digo confirmándole que no estoy dormido-. Ya Laura, yo no soy ni Julian ni Sebastián ni Maricón. Yo soy tu Gordo Popocho, Marlon. Ni siquiera perico, no sé de donde sacaste perico, perico era lo que me gustaba antes de conocerte y haberte preñado con dos varones. Perico fue lo que vendí en la universidad para sacarte de camarera… Sabes – dice Laura entre ese lapso que existe entre la vigilia y el sueño – Te voy a dedicar un poema de bienvenida Toc, toc / Quién es / Toc, toc / Quién es otra vez / Marlon – Contesto ‑  después de haberme golpeado Laura con los nudillos de su mano en mi cabeza – Es molesta, pienso – Toc, toc / tracatran / tracatran / golpean en la puerta / quién es / quién es / Somos moscos que le caen a la leche / somos la boñiga de la caca de la vaca que le cae a la sopa / Señora abra que su marido nos debe un billetico / señora abra que es solo un ratico. Trato de capturar el mensaje, pero como lo he tratado de decir, hay cosas en mi cabeza que no dan, no dan. Laura con su cabeza sobre la almohada y bajando poco a poco su mano por mi vientre me dice – Marlon, esa es mi vida, el toc, toc de la puerta y el nanay cucas que la bro porque Julian y Sebastian hace rato que se fueron de esta casa para Nueva York o yo no sé donde, por si no lo recuerdas, ¡Claro! como ahora se te dio por no recordar nada, por hacerte el olvidadizo. – Suelto una leve carcajada por la actitud de Laura con ese tono chismoso, chistoso, jocoso. Un sentimiento un tanto envidioso –   ¿Quién era yo? – Le pregunto y afirmo a continuación – Sebastian, Julian, un Ratón… ¡Ya!, un maricón. No te hagas – dice Laura enfadada -. Comprendo que Laura es esa desconocida recién conocida no era nada más ni menos que la mujer de todas las mujeres, es mi esposa, puedo entrever su lejano recuerdo, su cabello lo veo como una cascada blanca y trémula, es un invierno que se hace eterno, es una canción en blanco y negro, ahora tecnicolor. A través de ella, Laura, me reconozco. Marlon, es decir, ¡Yo es!, porque en mi yo, no me aclaro no me reconozco. Marlon es un hombre que se hizo viejo y de hacerse tanto el viejo terminaron los vecinos y Laura -porque los varones ni mu- por no dejarlo salir más allá del patio de la casa, más allá de la habitación donde nos encontramos tu y yo Laura. Así se evitaba el gran revuelo que tenía que dar esta vieja cada vez que yo no sabía cuál era la calle Séptima, la Candelaria, cuando no sabía que era un trece, doce, once, un siete. Cuando no sabía que un pocillo era un pocillo y es un pocillo, un reloj un reloj, un lapicero un lapicero, un billete un billete. En especial un billete. En todo caso, ahí fue ¡suacate! en algún momento se me confundió la ida y vuelta a mi casa. El cerca o lejos no determinaban mis caminos, el tiempo no determinaba mi vida, en todo caso – insisto – sé ahora, ahora que la miro y la contemplo, sé que sobreviví. Marlon sabes que soy Laura, sabes que te he estado esperando por años, no importa que la casa se la quieran comer los gallinazos vestidos de traje, que tanto ladrillo que pusiste en cada pared se caiga… tac, tac… y te llamen… tac, tac como si tuvieran vida y te imploraran que los pongas en su sitio – Interrumpe asfixiada, débil. Siento que le falta oxígeno. Respira profundo Laura.  Cof, cof, cof, ujump. – Continúa – Para que… sigan cayendo y nadie más lo ponga en su lugar. Marlon no hay luz, el gas lo cortaron hace dos días. No sé cómo pude sobrevivir Muac, muac, muac, me quita su mano de mi sexo, me da un gran beso y me abraza. Viejo me alegra tenerte de vuelta. – dice-. Toc, toc, toca, tocan la puerta. Vienen por la casa Afirma Laura, un poco agitada. Qué les digo a los gallinazos que Soy Julian o soy Sebastián o soy un Ratón ton ton o que soy un maricón

Título: Marlon
Autor: Carlos Andrés Carvajal Luna
Año: mayo 2014 
Correo: sinestesiarevista7@hotmail.com
  1. Anónimo dice:

    Yes it is! Και τολμώ να προβλέψω… το καλύτερο φολκ άλμπουμ της χρονιάς.”Why fear death, be scared of lvinig. Oh! Hearts are small and ever thinning.”