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El calcetín rojo

Pasó una hora buscando el calcetín rojo sin obtener resultado. ¿Sería posible que se le hubiera caído de la bolsa camino a la lavandería? Claro que lo era—se respondió inmediatamente—, pero la simple idea de haber cometido semejante estupidez le molestaba.

¿Qué iba a hacer entonces con el calcetín sobrante?

Pensando en eso, entendió que el verdadero problema era el color y no el hecho de que el par estuviera incompleto. De haber sido blanco habría sido posible considerar combinarlo con algún otro calcetín, uno que perteneciera a otro par, pero era rojo.

Se encogió de hombros, lo metió en la canasta junto con el resto de su ropa, salió a la calle y, esforzándose por olvidar el asunto, caminó hasta su casa que quedaba dos cuadras más al norte. A pesar de sus intentos por pensar en otra cosa, todo el camino estuvo buscando el calcetín perdido con la esperanza de encontrarlo frío y abandonado en el andén o de rescatarlo de la boca de alguna alcantarilla. Al llegar frente al portón del edificio, entendió que no lo había tirado camino a la lavandería y que probablemente estaría en casa en el rincón de la ropa sucia.

En su apartamento tampoco estaba. Cansado de armar semejante revuelo por un simple calcetín, decidió prepararse la comida. Sin embargo, pronto dejó la cocina para dirigirse a la canasta y sacar la prenda sobrante. ¿Qué podría hacer con ella? Sin encontrar una respuesta, soltó el calcetín sobre el escritorio de su cuarto y se dedicó a guardar el resto de la ropa.

Esa noche no pudo dormir. El misterio del calcetín perdido y la inutilidad de su compañero lo desvelaron. En la mañana salió rápidamente y apenas si se fijó en lo que iba a ponerse, pues no deseaba pensar en prendas de ropa y arriesgarse a perder tiempo en el trabajo durante toda la jornada. Fue inútil. Cada una de las siete horas que pasó en la oficina estuvo fijándose en los tobillos de sus compañeros como si en ellos fuera a encontrar lo que tan inexplicablemente había perdido.

Durante toda la semana, la imagen del calcetín, rojo y palpitante sobre el escritorio, lo torturó. El domingo decidió hacer algo con él en un intento desesperado por lograr sacárselo de la mente.

Lo agarró suavemente entre sus manos y suspiró imaginando el futuro que su condición le ofrecía: terminaría trabajando probablemente como trapo en el kit de aseo de la casa o en la caja de costura destinado a convertirse en títere para su sobrina. Estos pensamientos le hicieron sentir verdadera lástima por el pobre y solitario pedazo de tela roja, pero no se le ocurrió nada que pudiera mejorar su calidad de vida ahora que como calcetín resultaba inútil. Indeciso sobre cuál de las opciones era más digna para un calcetín retirado, se quedó ahí observándolo.

El lunes en la mañana, los primeros rayos de luz iluminaron el rojo algodón del calcetín que esperaba sobre el escritorio. Él se levantó temprano, resignado a volver a los tobillos de sus compañeros de oficina.

Título: El calcetín rojo

Autor: Laura Vargas Zuleta

Año: 2014

Correo electrónico: lauravargasz@hotmail.com