Registrate acá

Entre la 15 a los dieciséis

Al comienzo lo daba por cien mil. Pero luego la economía no dio para tanto. Bueno, para ser sincera la economía no
era el asunto, cualquiera por rebajar le sacaba en cara las arrugas y la cicatriz del vientre. Igual a una eso le deja de
importar. Además, en esa calle ya le conocían el nombre y no era sino que llegara un pez gordo preguntando por
María Teresa para ganarse el respeto entre las peladas nuevas. El embarazo le manchó muchos años de trabajo y ya
varias se empezaron a hacer las tontas cuando volvió, dizque pidiendo vacuna y mandándola por droga, las muy
igualadas. Con el tiempo la gente se acuerda de quien es quién. Y así fue, ella volvió a recuperar el tiempo perdido y
la fama, que esa sí nadie se la quita. Porque como lo chupa la Mate no lo hace nadie.
Nuestro reino es de dos cuadras, hacia arriba donde está el motel eso es zona prohibida. Ese motel es bacano, no
como el verde que está allí en la esquina, no señor, es un lujo de residencia. Allá en el nuestro los paracos tienen la
cosa limpia y nadie se mete con nadie, para evitar problemas con los clientes que entran y salen, y asegurando que a
ningún peladito de esos matones le dé por ir a trabajar. En nuestra calle sólo se trabaja con lo que es sexo, no más.
Hacia abajo llegando a la carrera 17 eso ya se pone más maluco, mucha loquita arrecha y mucho puñal. Y la verdad,
eso sí que no me gusta. Los travestis tienen su cuadra, nosotras tenemos las nuestras: carrera 15 y 16 al oriente. La
calle, no se la voy a dar, no vaya a ser que un día le dé a usted por ir a buscar lo que no se le ha perdido. Y
encontrarse conmigo, no es cosa que se olvide fácil, me entenderá. Bueno, yo le voy a contar un pedacito de la
historia, un pedacito porque es larga y además yo tengo mis secretos que me guardo, y que me llevo a la tumba.
Cuando la Mate empezó a trabajar tenía veinticinco, dicen que estaba tan buena que le dejaron una esquina para ella
sola. Y yo no dudo que eso sea verdad. Luego fue que le pusieron a la Luz Ángela, que para ese entonces tenía 18 y
había parido recién. La Mate la tuvo que cuidar harto, sobre todo cuando le daban las hemorragias y no tenía para la
felpa, que en ese entonces les valía mil pesos y era una raspa muy buena, traída del Casanare, no como esa que nos
venden ahora, que sabe a pura gasolina, no… ellas andaban bien embaladas siempre. Con la Ángela se hicieron lo
más de amigas ¡y con lo distintas que eran, juemadre! Ella no estaba allí porque quisiera, como la Mate. No, a ella le
había tocado duro. Vivió hasta los 7 allá en Navarro, en el basuro, ¿si lo conoce? Ay pero no me haga esa cara ¿es que
le sorprende que lo puedan a uno parir en una montaña de basura? Bueno, luego se la llevaron para el Hormiguero,
allá en el oriente de Cali, donde la pusieron a limpiar en un burdel de negras. Como eso allá lo dividen todo por color
de piel. Con razón se vino para acá, la pobre allá terminó dándolo como por 8 mil y eso cuando le pagaban porque
esos negros lo que tienen de arrechos lo tienen de arrancados. ¡Ay la pobre Ángela! haberme enamorado de esa loca
si fue la embarrada, típico mío.

¿Qué por qué la Mate sí quiso meterse en esto? Pues yo no creo que ella se arrepienta, pero se pudo haber
complicado menos la vida. Igual, así es ella. Le gusta ponérsela de pa’rriba y luego anda llorando como niña chiquita.
“A esa edad una anda muy cachonda, muy inquieta” me decía. Lo que pasó fue que ella se enamoraba de cuanto
hombre conocía y en un momento se le juntó el ganado como dicen por ahí. Varias tundas se ganó por andar de
brincona, y eso fue lo que la empezó a aburrir. Mucho problema, mucha pelea ¡pero pues como ella quería estar con
todos a la misma vez! es que la loca no se llenaba nunca con nada, hombre…
De buenas a primeras andaba más amenazada que un putas. Se puso a chimbiar con los más malitos y así poco a
poco se fue emproblemando. Esa sí tuvo a muchos tras la falda y claro, andaba también detrás de otros mil. A esta
edad las peladas somos tan bobas que creen que ellos lo quieren a uno de verdad, y nos tragamos el cuento completo.
“Además, como uno es bien bruto va y se enamora de todos, no se me enamore pelada sino de unito y que sea un
buen partido” ¡y hablaba en serio la muy condenada!
Yo supe que con el Mario la cosa se puso peluda. El tipo como que era oficial o coronel o alguna cosa de esas, pero
además tenía mujer, hijos y cuanta cosa puede volver esa carne imposible. Yo no sé pero a ella como que se le fue
corriendo la teja el día que el tipo dizque le dijo “Mamita, me tocó despacharla…mi mujer ya anda oliéndosela, es
mejor que no se vuelva a aparecer”.
¡Ay! no fue sino que dijera eso y ya tenía su puño bien plantado en la boca. Luego se fue corriendo para donde un
brujo de esos engañabobas, que con el cuento de amarrar al hombre le sacó casi un palo y la manoseó de gratis.
Cretino ese. La pobre Mate me contaba ese cuento toda triste. En fin, ya después de haberse puesto en esas fue tanto
el guayabo que agarró sus trastes y se fue de la casa. Igual, allá eran muchos. ¡Yo creo que se habrán dado cuenta de
que la María Teresa faltaba pero años después! Y así fue como terminó acá, no le dio mente a esto. Vea, apenas llegó
a la ciudad se subió la falda y empezó a putiar. Igual… ella venía era por eso y para eso, finalmente allá en San Juan
nunca le faltó nada. Pero yo sé que ella vino a este mundo fue a dar y a recibir placer, y eso es algo que apenas ahorita
a estas alturas es capaz de aceptar.
Préndame un cigarrillo de esos todos pinchados que usted fuma ¿sí? Que usted con esas preguntas me tiene ya
nerviosa. Pues qué le digo, ya la Mate no es la misma, y menos después de que yo dejé el colegio y le empecé a seguir
los pasos. Pero es que cómo no iba a ayudarla, después de eso que le hicieron. Yo sé que fueron las nuevas, de pura
envidia. Ella me insiste que fue un accidente, que se cayó de la moto cuando iba con el James para Calarcá. Pero yo
no le creo, ella dice eso es para que yo deje de buscar pelea, pero yo sé que pronto voy a cobrárselas caro a esas
regaladas como sea, porque a ella me la respetan. Fue también por esos días que la Luz Ángela se empezó a
enfermar. Que le dieron los resultados de las pruebas, y ahí sí que la Mate se puso triste. En mis 16 años de vida
nunca la había visto llorar como cuando le contaron que a la Luz le quedaban apenas unos meses de vida. Pero yo
pienso que igual, aquí vinimos a sufrir, aunque yo sí a esa cucha le he aprendido que lo que hay es que sonreírle a esa
perra sarnosa y enferma que es la vida. Ella con todos sus años, jamás ha jugado sucio, porque lo que tiene de años
lo tiene en amor, que yo no sé por dónde es que le brota, pero es un chorro que no se acaba nunca.

A mí lo de Luz Ángela también me dolió mucho, fueron como dos semanas en las que no volví a aparecer, me fui
para allá para la casa de doña Clema, guarida de animales nocturnos y de gente bien podrida. Pues sí, allá me fui y me
compré exactamente ciento ochenta bichas. Jaja, pues bazuco pelado ¿qué creía? Y es que me acuerdo tan bien
porque cada una me costó a quinientos pesos… las pagué con lo que me dieron por los aretes de oro de la Mate que
en noventa lucas los perdí en ese empeño. Haberle robado a la cucha no me importó, si yo quería era que me tragara
esa olla. Pero nada, hasta allá llegó la Mate a buscarme, imagínese, me encontró dormida en el piso, toda vomitada y
desnuda de la cintura para abajo. No fue sino que me viera así para que con un balde repleto de agua helada y una
patada en el vientre, le fuera facilito sacarme del pelo de ese antro. “¡China cabrona! para esto no fue que viniste a
este puto mundo” me gritaba como endemoniada. Ay, qué risa la que me hizo dar, yo con esas ganas de morirme
acordándome otra vez de esos aretes. Verla allí paradota como la potra que siempre ha sido, con el cigarrillo en la
boca, fue como una película de esas de terror.
Y bueno, como le decía, haberme enamorado de la Luz fue la embarrada. Pero es que esa mujer se me apareció
como un ángel y por un momento me iba convenciendo de irme a vivir otra vez con la abuela Mirta. Además esa
forma de acariciar, juepucha…¡Ah! Pero yo quería era estar con la Mate, y si el mundo de ella –el que me repetía y
me repetía que no era el mío– existía y me abría las puertas, pues yo le abría las piernas de vuelta. La Luz la había
pasado mal, muy mal. Y ella con sus historias me revolvía el estómago y me ponía a llorar como una niña de solo
pensar que eso también me podía pasar a mí. Ellas dos eran tan distintas, que no sé cómo hicieron para aguantarse
tantos años, compartiéndolo todo, todito. Hasta a mí.
Venga, préndame otro. Y relájese chino que lo veo como sudoroso. Estos gomelos sí son chistosos jaja, andan
rogándole a una que le cuente cosas y luego se asustan. ¡Papi, usted lo que necesita es cariño! Deje esa libreta por ahí
y acérquese, mi amor. ¿Está casado? Está bien, pero ya sabe mi vida que cuando se canse de eso me avisa. ¿Y qué?
bueno pues ahorita la Mate no ha vuelto por acá, y yo tampoco la volví a visitar. Todo le cambió después de esa
quemada. Todo…la cara, el pelo, la voz. Todo, menos ese amor tan raro que le brota de yo no sé dónde y que ella
insiste cada que me llama y me repite y me repite con una voz pasita que como que se apaga: “Muñeca, véngase para
la casa. Yo no la traje a este mundo para eso mamita, véngase ¿sí?, por favor, se lo pido”.

Título: Entre la 15 a los dieciséis
Autor: Natalia Roa Aparicio
Año: 2013
Correo electrónico: natalia.roa.a@gmail.com