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Los adioses en macarena

Pintas burbujitas con tus labios, princesa. Tus sonrisas maquiavélicas, tus hoyitos sinvergüenzas, las pupilas dilatadas de tanto mirar las estrellas. – No seas tan hippie- te dije, – No seas tan maricón- me respondiste, -Te quiero mucho- te dije, -No seas tan maricón- me respondiste. Y una vez más te pedí que me dejaras dormir entre tus tetas, arroparme con tu pelo siempre enmarañado, arrullarme con tus latidos y mecerme con tu respiración. No hay mejores almohadas que tus senos, princesa; huelen a esa crema de vainilla que compraste en promoción porque nunca tienes dinero, -¡Me costó ocho mil pesos!- Repetías con orgullo; porque acá las cosas baratas son de contrabando, y esas son las que te gustan a ti. Tu amor es de contrabando, bonita: llegó en un barco desde un lugar que no sé dónde es, venía entre ropa y electrodomésticos chinos, tabaco del Medio Oriente, té de la India y sabandijas polizontes. Tu amor es un polizonte, bonita. Está indocumentado y es ilegal, bonita.

-¿Quieres comer algo?-
-Yo no como, precioso-
¿Otra vez la misma vaina? Nunca quieres comer, pero después te engulles esa mierda de hamburguesas radioactivas, con papitas histéricas, salsas bipolares y refresco altamente tóxico.
-Yo te como a ti, precioso- Y entonces hicimos el amor, nos llenamos de besos radioactivos, de caricias histéricas, de miradas bipolares y de fluidos altamente tóxicos; y “aún no me siento satisfecha” y que tales, me dijiste. Cerraste los ojos y me pediste que mientras dormías te cuidara, que no llegara ningún tomate asesino.
-Los tomates asesinos no existen, bonita-
-Sí, sí existen-.

No podría nadie nunca entender lo que es amar a una bruja como tú. Cuando se lo dije a mamá me llevó donde el párroco del barrio, le pidió una misa a mi nombre, que me rociara agua bendita, y me dio un escapulario y “Muchacho, rece diez Ave María y diez Padre nuestros”, y que tales. Después me llevó donde un pastor y le pidió que me sacara el diablo; el loco me puso la mano en la cabeza y “HERMANO, TE LIBERO DEL DEMONIO”, y yo me reí a carcajadas retumbantes, así que el pastor le dijo a mamá que el demonio se había apoderado de mí y que él no podía hacer nada. Entonces mamá me llevó donde un sacerdote budista que me mandó a meditar y a ayunar por un mes, sólo un puñado de arroz a la semana. Yo tampoco como, bonita, solo un puñado de arroz y karma, bonita.

-¿Tienes frío?-
-Siempre tengo frío, precioso. Frío en los pies porque bajándome de un bus se cayeron las suelas de mis botitas-, y lloraste, y me mandaste a cultivar espárragos alucinógenos.
-Los espárragos alucinógenos no existen, bonita-
-Mierda! Cabrón! Que sí existen-
-…sí, sí existen, bonita-
Te regalé un cigarro para que tus deditos con fiebre lo sostuvieran, tus labios lo besaran y tus pulmones se ahogaran como te ahogas conmigo, bonita. “Ya no tengo tanto frío” y que tales. Una sonrisa, una mirada, un beso, un Adiós, no me volverás a ver.

Esa noche llovían luciérnagas y era mi segundo mes de ayunarte; ring ring, tic toc tic toc, ring ring, ¿Aló? ¿Sí? Un momento, es para ti. Son seis mil, preciosa, qué tenga buena noche, señor. Sí! Sí eres tú! ¿Qué le paso a tu pelo? ¿Qué le paso a tu cara? ¿Y tu color a madera nueva? ¿Y tu crema de vainilla? ¿Y tu arcoíris? “Cómo hemos cambiado, precioso… yo también te quiero, maricón!” Una sonrisa, una mirada, un beso, un Adiós, no me volverás a ver.

TITULO: LOS ADIOSES EN MACARENA
AUTOR: GINA CAPPELLA FORERO
AÑO: 2011
CORREO ELECTRONICO: gina_ccf@hotmail.com