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Memorial de viaje

1

No son islas de agua clara,

No lagunas quietas,

No el aliento tibio en el cristal,

No círculos concéntricos

De pensamientos en gotero.

 

Son lagunas

De sudor de lengua;

El mapa de un recorrido naufrago

En el mar del dulce dolor;

El caminar de la tenue ansia

De abandonarme al antojo de las bestias,

De perderme en las grutas marinas,

En la humedad luminosa de su blancura coralina.

 

Es dejarme arrastrar

Por el siniestro vaivén de olas

Que despiertan al hambre y todos sus monstruos;

Refundir los dedos

En la cascada del abismo,

En el gemido volcánico,

En el rio blanco espeso,

En la sal voraz donde habita la miel del grito;

 

Es devorar,

famélico, lento,

la garganta del gran pez;

Lamer todos sus lunares,

Caracolear sus orificios,

Lijar su lengua con mi pecho,

Succionar su Olimpo oceánico,

Imaginar el trueno de su voz,

Olvidar que existo,

Volverme olvido.

 

2

Silenciar las voces de la imagen,

Tapar con los dedos todos los agujeros del vientre

Por donde las palabras riegan

Ese nuevo aire que me impulsa.

 

Enumerar varias veces por día

Los lugares del tiempo en que sus labios buscaban,

Como pez llameante en la noche,

el brillo de mi piel a la espera.

 

Abrazarme de nuevo al mástil de este barco viejo,

Como capitán abandonado

Tripulado por los mares y los ríos

Donde hoy somos olvido.

 

Y soltar el timón en contravía,

Y renunciar a Ítaca

Por una vez,

por todas,

siendo todas

La voluntad de éste último mar,

Y una

Aquel adiós

En que te vuelves bruma

En medio de la tormenta de mi alma embravecida.

 

Juan Pablo Sanabria