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Subjetividad vigente

¿Qué hace que un escritor sea recordado a pesar de la época? Sobre todo ¿Qué hace de sus obras imperecederas? En un mundo como el actual en el cual muchos libros son escritos, vale preguntarse por aquellas obras que a pesar de los años, de responder a las cuestiones propias del contexto del escritor, se mantienen vigentes. Este es el caso de Anton Chéjov quien viviendo en medio de un panorama distinto al actual se mantiene vigente, siendo un referente de la literatura. Siendo un escritor de relatos Chéjov no se centró en alguna gran obra que consumiera mucho tiempo; por el contrario, pudo dejar muchos escritos, material de sobra para mostrar lo que es su obra como un legado que supera la singularidad del relato. Los personajes de Chéjov son escogidos de tal forma que cualquiera, aun sin haber vivido la situación, pueda sentir empatía con alguno de los personajes.

Dada la cantidad de relatos de Chéjov, más vale no tratar de buscar una estructuración general sino meterse en relatos específicos. Así, siendo el éste uno de los más conocidos, encontramos La Dama del perrito publicado en 1899. Este relato nos lleva al escenario del adulterio entre dos personas inconformes con su vida. Gurov, hombre casado con una mujer a la que “consideraba de corta inteligencia, estrecha de miras y falta de gracia(…)” (Chéjov, 1982, 5), buscaba aventuras constantes con mujeres inferiores a él que no representaran ningún tipo de amenaza para su forma de vida. Tal inferioridad es lo suficientemente notoria, por ejemplo, en llamarlas “-¡Raza inferior!” (Chéjov, 1982, 6). La dama del perrito, quien llegó a Yalta al igual que Gurov, era Anna Sergueevna, mujer casada con un hombre a quien consideraba un lacayo, a pesar de no saber siquiera bien dónde trabajaba, llevando el relato al campo del prejuicio básico que rige al ser humano en cualquier instancia de su vida.

Chéjov jamás se enfoca en los encuentros sexuales de la pareja aunque estos se den; el dramatismo no gira en torno al engaño carnal sino a los personajes como seres de sentimientos, ideas y acciones. Gurov, sobre todo, es principal en tanto es el centro de los dilemas morales. Después de la aventura bien lograda por el Moscovita, después de haber soportado el llanto de arrepentimiento de Anna, después de haber logrado conquistar a una mujer mucho menor que él que representaba un escape más, Gurov se ve enfrentado a sí mismo en tanto se plantea la cuestión de la mujer como algo inferior y dispensable.

Cuando Anna parte hacia S***, Gurov “Pensaba que en su vida había ahora un éxito, una aventura más, ya terminada, de la que no quedaría más que el recuerdo” (Chéjov, 1982, 13), pero se encontró con un cambio en sí al saberse en Moscú porque había notado que ahora la extrañaba y ella no había sido tan solo una aventurilla: fue aquello que encontró sin buscarlo. El mayor cambio lo muestra Chéjov cuando Gurov encuentra a Anna en el teatro: el uso del lenguaje para describir las sensaciones exaltadas por la visión de la amada mueven a cualquier lector. Esa mujer que parecía nada más que otra aventura, era ” (…)su alegría, la única felicidad que deseaba.” (Chéjov, 1982, 18). El cambio total se entiende cuando Gurov debe partir su vida en dos y dedicarse a la felicidad pasajera del encuentro con su amante, mientras mantenía una mentira frente a todos quienes lo conocían. Ya no era más un aventurero infeliz quien buscaba mujeres por azar, sino que había encontrado la felicidad en algo ajeno a su vida, ajeno a su mujer y a sus hijos.

El relato termina desesperanzadoramente, sin ninguna solución y con muchos problemas. Los detalles a los cuales debemos prestar atención no pasan por la aventura misma, sino por “(…) esos terrenos menos abruptos de una aventura amorosa donde a nosotros, como espíritus convencionales, podría pasársenos inadvertido algún detalle importante” (Richard Ford, 2012, 13). El encanto del relato recae en el peso moral y la modernidad del mismo. ¿Quién podría pensar en la moral humana, dentro de una relación adultera hoy en día, de otra manera? La vigencia del relato se hace latente cuando nos damos cuenta de que, si imaginamos la obra, no es necesario pensar en las gentes rusas de 1899, podemos pensar en cualquier hotel de Bogotá ya que éste podría albergar cualquier Anna y cualquier Gurov. La importancia del relato es evidente por el cuestionamiento a la moral humana y por los dilemas a los que se enfrenta el ser humano en un mundo que tacha acciones que le llevan a su felicidad. Vale la pena preguntarse si el mundo ha cambiado tan poco, si la moral es igual desde los tiempos de Chéjov, desde antes de él. Vale le pena abrirle el espacio a la literatura de Chéjov, no solo como muestra de gran estilo narrativo, sino para examinar esos mundos que llenan al hombre de dilemas morales, de contradicciones que lo llevan a escisiones, de oposiciones que fuerzan un clivaje de su personalidad para tratar de enterarnos de algo más del hombre como sujeto de esos contextos que lo condenan.

Chéjov muestra el contraste del amor y la desdicha (no del desamor necesariamente) para llevarnos al campo de las encrucijadas morales, relatando detalles de lo privado del ser. No importa el beso, el sexo, el engaño, sino el paso por el descubrimiento de sentimientos escondidos. Los detalles a los que nos lleva el autor ruso hacen de la lectura un descubrimiento de la vida misma, no es de extrañar que no encontremos un final concluyente. Tras el paso del descubrimiento, el paso por la encrucijada, Chéjov nos deja con un final abierto, porque no importa cómo termina sino cómo se da el proceso.

No es necesario irse a la Rusia del siglo XIX para entender a Chéjov, no es necesario si quiera saber qué pasaba en esa época. Chéjov logra crear identidad con sus relatos de una forma que se separa del tiempo y del lugar. No hay que desconocer la intención del escritor como tampoco intentar traducir su pensamiento subjetivo. Quiero decir, la obra es lo que entra a hablar con el lector por lo cual es tan importante tal identidad lograda a partir de cierto vacío. Todo lector tiene algo en su cabeza, Chéjov lo pone frente a él y le muestra que el adulterio no son solo orgasmos, sino que hay lágrimas y desdicha de la misma forma que las hay en el amor entre una pareja no adultera. A fin de cuentas ¿Cómo valdría el amor si no fuera por la desdicha?

Sebastián Báquiro.

 

Bibliografía:

  • FORD, Richard. Porqué nos gusta Chéjov En: Cuentos imprescindibles. Editorial Debolsillo, 2012.
  • CHÉJOV, Anton. La Dama del Perrito. En: La Dama del perrito y otros cuentos. Editorial La Oveja Negra, 1982.