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Tres canciones y un testamento

Canción del sueño

 

Cantaré a las Tierras que no han sido vistas

mas que por fugaces estrellas, bucólicos eternos,

donde el espíritu se siente nacer como flor, abrirse como delicada espiga,

Y recibir del sol el sueño que desde los astros hasta la sangre

Parece quemarse, y gira con el universo.

Son estas las tierras lejanas, perdidas en el tiempo

como los sueños que perdieron los niños y el amor al que ya no se arrojan los viejos,

mientras la serena brisa abraza a la amada

y las palabras nacen de los corazones y las almas crecen de la tierra.

 

Y son las palabras la claridad augusta

que entre suaves sedas se sirve a comensales y enfermos,

un fino abrazo de delicados ángeles que se atreven a amar,

la triste esperanza que se hace sueño.

Y como eco de los cantores, como gritos que se ahogan

Antes de nacer del corazón y perderse en la mente

Como los coros que cantan en silencio,

Así cantan las palabras aquesta, la canción del sueño:

 

Creer, creer…

Creer en las hadas que llenan de luz

el mundo otrora de estrépitos enfermo,

creer en la esperanza que se yergue

como un árbol de olivos, amarillo como guacamaya.

 

Creer, creer…

llenar el espíritu de ese lúbrico ánimo,

que en lo húmedo de la lluvia y en la muerte del desierto,

se mantiene firme como la espiga del trigo

que danzando da grima al viento,

viento que aunque canción, ruge interminable

como el apocalíptico grito del infierno.

 

Si pudieras, ángel terrible,

de tus palabras, la voz del viento,

castillos, sueños, faunos y hadas,

si pudieras a mi corazón enfermo,

regalar por más tiempo esa esperanza,

si pudiera ganarme,

si pudiera como infante a los tristes sueños,

vencer con olvido,

y de nuevo, y de nuevo.

 

Pequeña canción del ingenuo

 

“La muerte será una gran aventura”. Barrie

 

Bástame con saber volar y pelear,

a piratas vencer en las crudas batallas,

Bástame con saber volar

entre nubes rutilantes y el cielo,

-espadas, piratas, batallas, indios-

solo buenos pensamientos,

sin oficinas, ni afanes, sin relojes,

ser indio entre los indios,

con la espada corta las huestes de los piratas menguar;

y escuchar las canciones,

canciones que a los caídos  reviven,

y a los enfermos sanan.

 

Bástame con saber volar y pelear,

sin morir entre la tiza y la palabra ronca,

sin pasar inventario de los sueños,

ni símbolos ni metáforas,

solamente soñar, sin recordar lo vivido, lo pasado,

entregado al inevitable juego,

que no gasta su medida

en tazar el valor de las cosas.

 

Bástame con saber volar,

que siempre recuerde volar,

que sean buenos todos mis pensamientos

-Espadas, piratas, batallas, indios-
que los anaqueles del corazón,
guarden las almas miríficas
de las rutilantes hadas,

y su maravilloso polvo.

 

Bástame con alcanzar

los arboles que duermen

y cosechar de ellos los sueños,

y aunque el gran caimán

nos da caza como al capitán Hook,

los sueños son hogar,

y en ellos bástame con saber

volar y pelear,

y a los piratas, junto a los indios,

vencer.

 

 

Pequeña canción de un poeta pingüino

 

No soy el tañedor de palabras

Arpista o cantor, ensoñador

Que seduce los vientos al son de su señera virtud.

 

No sé urdir canción de la palabra

ni a la canción vestir con tristeza,

No sé de la tristeza edificar un melódico lamento,

Hondo, tan hondo,

Que conmueva Dios.

 

No soy el tañedor de palabras

Arpista o cantador, ensoñador

Que seduce los vientos al son de su señera virtud.

 

Y cuando al pesar intento,

Con el ánimo grave, fatigoso,

con el ánimo que camina como entre brazas,

De las palabras esculpir un susceptible verso,

Y las hilo con mano torpe, y con mano torpe las tejo

de la gravedad señera, de la poesía torva

un parloteo desafinado que se pierde en la inefable tormenta,

brota como mil flores naciendo para morir

para morir no siendo aún flores, ni belleza, ni mujer, ni amor.

 

Y no soy, te digo, y lo digo también al viento

Tañedor o cantor, ni el arpista,

No soy pues aunque quiera poeta.

Vendo en este mercado pobre ropas viejas,

Lámparas sin luz, joyas falsas, plantas muertas.

 

Y aunque de la palabra espere

Canción, elucubraciones del ánimo devoto,

No soy el tañedor ni el arpista,

Soy el niño que a jugar dieron

Con lo más sagrado,

Y se finge en su juego poeta

Tañedor de palabras,

Arpista y cantador.

 

El último vapor o el testamento de un poeta

 

Las palabras no sirven para nada

las libidinosas palabras

acariciando el cuerpo exuberante,

las acuáticas, voz de dios

las canciones eternas de las sirenas.

 

Las palabras no sirven para nada

tampoco las sempiternas

de los púlpitos a las espaciosas mansiones de la fe,

las palabras melodiosas,

dulces golosines en el corazón.

Las palabras no sirven para nada

nacidas de locuaz tristeza,

las palabras grandilocuentes,

Elucubradas  o amazónicas.

 

Las palabras no sirven para nada

hecha palabra la salvaje ilusión

las inicuas palabras, pasión de la mirada,

vetustas palabras, palabras de oración .

 

Las palabras no sirven para nada

Las altas palabras:

poesías trágicas de Porfirio amante,

Rivera y su vorágine selvática, el rural Arturo.

Palabras del Ponto Eleusino:

La filosofal ágora,

y la enmascarada tragedia.

 

Las palabras no sirven para nada

las palabras, las palabras

no sirven, te digo, las palabras,

porque te fuiste, porque te vas,

porque te irás…

porque estoy solo,

y ya no puedo, nunca otra vez, decírtelas

como el susurro que hace valioso

lo que no vale nada, lo que no sirve para nada.

 

Y sin embargo, del pozo acuarimántimo,

Palabras hieráticas en silencio

Cantan la canción

Y el último vapor de la humanidad desvanecida

Estelar y opaco, espanto y aparición…

Título: Tres canciones y un testamento
Autor: Bastian Bux (Sebastián Domínguez)
Año: 2013
Link portafolio o correo electrónico: zevas1219@gmail.com